Sin pretender
que "todo tiempo pasado fue mejor", no me cabe duda de que
las Fogatas de San Jorge, cada 23 de Abril, ya han perdido aquel encanto
que tenían antes, digamos, en la década de los 50`s. En
unos pocos años habíamos visto nacer y desarrollarse a
la mayoría de los Grupos con que contábamos entonces,
no más de 10, por lo que todos los Jefes de Tropa, no sólo
nos conocíamos bien sino que también compartíamos
una gran camaradería entre nosotros y entre los muchachos. En
las fogatas, nos esmerábamos en presentar los mejores "sketchs",
y los cantos eran muy animados, ya que nos sabíamos bien el mismo
repertorio y todos le echábamos muchas ganas. En los Campamentos
de Distrito y de Provincia, nos matábamos por ganar los Primeros
Lugares, pero sin perder la amistad y el buen humor. Pero aquella Fogata
de San Jorge fue inolvidable. Tuvo como marco el local de Ex-Alumnos
del Colegio Montejo, algo así como el club social de un exclusivo
colegio marista, que a su vez era sede y patrocinador del Grupo 1 de
Mérida. Ex-Alumnos, como popularmente se le conocía, estaba
situado en los confines del exclusivo Norte de la ciudad, y era famoso
por sus recepciones sociales y sus bailes que, especialmente en Carnaval,
amenizaban las mejores orquestas y bandas de la época, entre
ellas, las de Juan García Esquivel, Pablo Beltrán Ruiz,
Luis Arcaraz y Dámaso Pérez Prado. El local, construido
ex-profeso, contaba con amplios corredores cubiertos donde se ubicaban
las mesas, y una gran pista de baile al aire libre sobre una amplísima
losa de concreto. Ahí formamos un gran círculo alrededor
de una enorme fogata que ardía alegremente, iluminando el entorno
con sus grandes llamaradas. La fogata transcurría animadamente.
Tuvimos muy buenas representaciones, alegres cantos y un excelente espíritu
scout. Ya casi llegábamos al final, anticipándonos a la
nostalgia del Canto de Despedida, cuando sucedió algo inesperado.
Del centro mismo de la fogata surgió una violenta explosión
unida a un terrible estruendo. Entre una gran nube de chispas volaron
brasas candentes, palos encendidos y trozos de escombros hasta una altura
de 15 o 20 metros, como si una granada de obús o de mortero hubiera
caído exactamente en medio de nosotros. La confusión fue
general. Unos se tiraron al suelo (seguramente los que veían
"Combate" en la televisión). Otros, más prudentes,
emprendieron veloz y atropellada carrera. Pasados algunos segundos,
lo que siguió fue un profundo silencio. Después de una
prudente espera, en la que no pasó nada más, todos fueron
regresando cautelosamente a sus lugares. Donde antes estuvo la fogata,
no quedaba más que un cráter de unos 80 centímetros
de diámetro por unos 20 de profundidad, rodeado de escombros,
brasas encendidas y palos incandescentes. Todos se preguntaban: ¿Qué
había pasado? Las teorías especulativas no se hicieron
esperar: · Que si una tubería de agua pasaba precisamente
por debajo de la fogata y el calor la hizo estallar, (Si, pero ¿dónde
quedó la tal tubería?) · Que si algún explosivo
(dinamita y similar) quedó enterrado en el piso por descuido
antes de colar el concreto, pocos años antes. · Que si
algún guasón escondió un petardo antes de que se
encendiera la fogata, para hacer su "chistosada". Todo aquello
muy improbable, o simplemente descabellado. La realidad resultó
mucho más sencilla y lógica: Simplemente se cometió
el imperdonable error de encender la fogata directamente sobre la gruesa
losa de concreto. El calor del fuego se concentró en una superficie
relativamente pequeña, de alrededor de 1 metro de diámetro,
rodeada por una extensa superficie mucho más fría. No
teniendo el concreto hacia dónde dilatarse, fue acumulando una
presión creciente contra su perímetro más frío,
hasta llegar al punto de fractura. No teniendo hacia dónde descargar
aquella tremenda energía, se fue acumulando hasta que al fin
lo hizo, hacia arriba, arrastrando brasas, palos encendidos y trozos
fragmentados del propio piso de concreto. Aunque al día siguiente
la Asociación mandó a algunos albañiles a reparar
el piso dañado, no pudo evitarse que quedara un feo parche en
medio de la elegante pista de baile. Fue una verdadera lástima
porque nunca más volvieron a prestarnos el local. Pero sin duda
aquella fue la Fogata de San Jorge más espectacular de mi vida.
NOTA DEL AUTOR. Algunos años después, este edificio fue
totalmente demolido y en su lugar se construyó un Supermercado.
Posteriormente fue modificado y actualmente lo ocupa un Centro Comercial.
Originalmente situado en las afueras de la ciudad, en el cruzamiento
de 2 avenidas, la Prolongación de Montejo y la Avenida del Roger`s,
hoy ha venido a quedar ubicado en el corazón de la más
importante zona comercial y residencial de Mérida. Por azares
del destino, desde hace más de 25 años resido a menos
de 300 metros del escenario de esta narración. Mérida,
Mayo de 1999.