arte de los bosques / miscelánea
 
            una fogata espectacular - Ricardo Aguilar Pomar -
 

           
           Sin pretender que "todo tiempo pasado fue mejor", no me cabe duda de que las Fogatas de San Jorge, cada 23 de Abril, ya han perdido aquel encanto que tenían antes, digamos, en la década de los 50`s. En unos pocos años habíamos visto nacer y desarrollarse a la mayoría de los Grupos con que contábamos entonces, no más de 10, por lo que todos los Jefes de Tropa, no sólo nos conocíamos bien sino que también compartíamos una gran camaradería entre nosotros y entre los muchachos. En las fogatas, nos esmerábamos en presentar los mejores "sketchs", y los cantos eran muy animados, ya que nos sabíamos bien el mismo repertorio y todos le echábamos muchas ganas. En los Campamentos de Distrito y de Provincia, nos matábamos por ganar los Primeros Lugares, pero sin perder la amistad y el buen humor. Pero aquella Fogata de San Jorge fue inolvidable. Tuvo como marco el local de Ex-Alumnos del Colegio Montejo, algo así como el club social de un exclusivo colegio marista, que a su vez era sede y patrocinador del Grupo 1 de Mérida. Ex-Alumnos, como popularmente se le conocía, estaba situado en los confines del exclusivo Norte de la ciudad, y era famoso por sus recepciones sociales y sus bailes que, especialmente en Carnaval, amenizaban las mejores orquestas y bandas de la época, entre ellas, las de Juan García Esquivel, Pablo Beltrán Ruiz, Luis Arcaraz y Dámaso Pérez Prado. El local, construido ex-profeso, contaba con amplios corredores cubiertos donde se ubicaban las mesas, y una gran pista de baile al aire libre sobre una amplísima losa de concreto. Ahí formamos un gran círculo alrededor de una enorme fogata que ardía alegremente, iluminando el entorno con sus grandes llamaradas. La fogata transcurría animadamente. Tuvimos muy buenas representaciones, alegres cantos y un excelente espíritu scout. Ya casi llegábamos al final, anticipándonos a la nostalgia del Canto de Despedida, cuando sucedió algo inesperado. Del centro mismo de la fogata surgió una violenta explosión unida a un terrible estruendo. Entre una gran nube de chispas volaron brasas candentes, palos encendidos y trozos de escombros hasta una altura de 15 o 20 metros, como si una granada de obús o de mortero hubiera caído exactamente en medio de nosotros. La confusión fue general. Unos se tiraron al suelo (seguramente los que veían "Combate" en la televisión). Otros, más prudentes, emprendieron veloz y atropellada carrera. Pasados algunos segundos, lo que siguió fue un profundo silencio. Después de una prudente espera, en la que no pasó nada más, todos fueron regresando cautelosamente a sus lugares. Donde antes estuvo la fogata, no quedaba más que un cráter de unos 80 centímetros de diámetro por unos 20 de profundidad, rodeado de escombros, brasas encendidas y palos incandescentes. Todos se preguntaban: ¿Qué había pasado? Las teorías especulativas no se hicieron esperar: · Que si una tubería de agua pasaba precisamente por debajo de la fogata y el calor la hizo estallar, (Si, pero ¿dónde quedó la tal tubería?) · Que si algún explosivo (dinamita y similar) quedó enterrado en el piso por descuido antes de colar el concreto, pocos años antes. · Que si algún guasón escondió un petardo antes de que se encendiera la fogata, para hacer su "chistosada". Todo aquello muy improbable, o simplemente descabellado. La realidad resultó mucho más sencilla y lógica: Simplemente se cometió el imperdonable error de encender la fogata directamente sobre la gruesa losa de concreto. El calor del fuego se concentró en una superficie relativamente pequeña, de alrededor de 1 metro de diámetro, rodeada por una extensa superficie mucho más fría. No teniendo el concreto hacia dónde dilatarse, fue acumulando una presión creciente contra su perímetro más frío, hasta llegar al punto de fractura. No teniendo hacia dónde descargar aquella tremenda energía, se fue acumulando hasta que al fin lo hizo, hacia arriba, arrastrando brasas, palos encendidos y trozos fragmentados del propio piso de concreto. Aunque al día siguiente la Asociación mandó a algunos albañiles a reparar el piso dañado, no pudo evitarse que quedara un feo parche en medio de la elegante pista de baile. Fue una verdadera lástima porque nunca más volvieron a prestarnos el local. Pero sin duda aquella fue la Fogata de San Jorge más espectacular de mi vida. NOTA DEL AUTOR. Algunos años después, este edificio fue totalmente demolido y en su lugar se construyó un Supermercado. Posteriormente fue modificado y actualmente lo ocupa un Centro Comercial. Originalmente situado en las afueras de la ciudad, en el cruzamiento de 2 avenidas, la Prolongación de Montejo y la Avenida del Roger`s, hoy ha venido a quedar ubicado en el corazón de la más importante zona comercial y residencial de Mérida. Por azares del destino, desde hace más de 25 años resido a menos de 300 metros del escenario de esta narración. Mérida, Mayo de 1999.

 
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